Una sola palabra para definir una historia. Una palabra poderosa que nos abre la puerta a los pormenores de una ruptura.
Pablo Sánchez
Una sola palabra para definir una historia. Una palabra poderosa que nos abre la puerta a los pormenores de una ruptura. Porque así comienza la novela: con el inminente fin de una relación. O mejor dicho, con la confesión culposa del narrador (Jay o Kureishi) que tiene decidido, a la mañana siguiente, abandonar la casa compartida durante seis años con su mujer y sus hijos.
Y aparecerán los miedos, las dudas, el amigo (Víctor) también separado que le da cobijo; y aparecerá, como columna vertebral del relato, la pregunta más dolorosa y profunda de todas: ¿habrá que seguir fingiendo y quedarse para sostener lo vivido hasta el final de los días o se podrá permitir ese cruel abandono para comenzar una nueva vida?


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